Capricho 55

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Every step I take, every move I make
Every single day, every time I pray
I’ll be missing you

 

El sábado perdí mi credencial de elector.

El talismán que hace 10 años me transformó en adulto y luego se convirtió en una irrefutable evidencia de que me estoy haciendo viejo, de que el pelo se cae tan rápido como la esperanza de cambiar el mundo. O a Chihuahua. O a mi familia.

Mi credencial estuvo conmigo casi todos los días desde septiembre del 2008 hasta hoy. Ni mis padres, ni mis mejores amigos, ni los amores de mi vida me han durado tanto. Me abrió las puertas a bares y a lugares que no uno no cuenta donde lo pueden llegar a ver sus parientes. Fue mi vieja confiable, mi confidente, la prueba de que soy chihuahuense antes que otra cosa.

No me había dado cuenta de todo esto hasta el sábado. Frente a mi IFE (no la he cambiado a INE) desfilaron cientos de millones de encendedores, carteras y guardias de seguridad. Fue la señal definitiva de que no iba a quedarme en mi casa. Gracias a ella pude ver el inolvidable espectáculo de Dayana, comprar mis cervezas sin el amparo del beduino de la mirador o el joto de la 24. Le debo tanto y me salió tan cara que no sé si dar gracias a la providencia por haberla perdido.

Perderla, como todas las pérdidas con las que me he perdido, ha sido terrible. Siento un hueco en la cartera semejante al del corazón. Nunca se me ha dado eso de dejar ir.

*Al parecer ya la encontraron, pero siempre me ha gustado hacerle al faquir. 

 

 

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